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Indiana Cardenal: Fuero interior


Por: María Amanda Rivas

Poeta, socia de ANIDE


Fuero interior
Se me antoja pensar que nadie que no se haya revolcado internamente es capaz de percibir el penetrante e inconfundible olor de la vida. De adentro hacia afuera se vive aparentemente más lento, proceso que pasa inadvertido en el escenario donde usualmente sólo se pone a prueba el potencial técnico humano.

Indiana Cardenal, en su libro “Poros de cincuenta, corazón de quince” desde mi ser humano, es ante todo mujer, lo cual no significa que yo esté clasificando la poesía por el sexo, la poesía no tiene sexo, pero los poemas, si tienen autores.

José Coronel Urtecho ha dicho que “la poesía de una mujer cuando en realidad se trata de una mujer poeta generalmente resulta ser como su imagen en el espejo. La mujer más que el hombre, agrega, siempre está en su poesía”.

Indiana es pues, mujer y, en su poesía se advierte la descarnada imagen de una mujer que se revuelca valiente

1 En relación a su poemario “Poros de cincuenta, corazón de quince” cuyos poemas están incluidos en este libro.

como una ola en la anchura de sí misma. “No soy Indira, nací Indiana”- grita su voz desde lo más profundo del océano. “Indira está enredada, ensimismada. No sé quién soy, si vengo de vos o voy para vos (…) Indiana está en Indira, desperezándose, estirándose, calentándose“.

En esta corriente donde el verbo poético no solo se limita a crear jirones estéticos sino a alcanzar la verdad del propio estado interior, la autora recrea con espontáneo ingenio el mundo de confusión imperante que el ser humano siente al pretender rasgar la verdad de su yo o de sus yoes, velos que siempre se sueltan teñidos de sangre. “Estoy cucú. Indira. Lisa. Mona Lisa, Pitonisa, adivinando tu sonrisa”. Todo el dolor de sus múltiples muertes y resurrecciones.

Subversiva y solidaria, reflexiva en busca de ella, por ella, para ella, su voz reclama: respeto, independencia, ternura, erotismo. Indiana – toda mujer haciéndose- despierta e intuye que algo le fue arrebatado mientras la arrullaba su nana ancestral con su canción de cuna que tuvo la gracia de señalar su sexo débil.
Subyugada pero no muerta ella exclama:

“No oscilaré más en una cuerda floja.
No dependeré de un sí, de un no, De una aceptación de un rechazo.
En un rincón de la casa bordabas y tejías,
cada puntada un color, cada color, una idea.
Eran sí, solamente ideas”.

Cuanto tiempo le ha tomado a su autora escudriñar, comprender su vida interior, para entender y aprehender el ser de ella. El tiempo ya no cuenta, desde el momento en que se solidariza con su causa vital, de la cual nos dice:

“Ya no soy tu virgen púdica ni vos mi labriego primitivo
subyugada por esta tiranía fálica.
Me libero y encuentro mi propio centro vital”.

Es evidente que ser uno mismo cuesta no sólo un ojo de la cara, sino toda la sangre que uno pueda derramar y, en no dejarla ir toda, en retener la última gota, descansa la posible aventura para continuar el proceso, por suerte son cortos los momentos en que caminamos despiertos.

La autora de este libro engulle desde sus poros la energía que su corazón necesita para liberarse. Y así expresa:

“Busco mi identidad A mi sombra Sonámbula y perdida
La encuentro, la retengo La acaricio, la platico
Y se va quedando
quieta, tranquila, serena, satisfecha”.

En el camino que le ha tocado recorrer, pariéndose a sí misma, y pariendo amor para darse a otros, Indiana ha tenido muchas caras: madre, esposa, amante, amiga y poeta. Con este último y rostro de primera se presenta y nos dice:

“Mis labios, mis senos, mis poros, Me reinventan por la boca.
He de soltar mis poros atrapados”.

Es en la poesía, donde al fin encuentra una puerta por donde se filtra el amor, la contradicción y la paz de su alma amorosamente revuelta y transparente.

Si de algo ha pecado Indiana Cardenal, es de ser extremadamente abierta para gritarse en su debilidad y buscarse en su fuerza. Acción para la cual ha demostrado tener una enorme capacidad, la necesaria para aceptarse y amarse, para aceptar y amar a los amigos y seres queridos que la rodean en un espacio de autenticidad superior, lo que un verdadero místico entiende como la espiritualidad. Allí donde las estructuras sociales se derrumban porque no coinciden con el canto, o el llanto del alma.

Introducción al poemario Poemas de la vida, el amor y la muerte presentado el 23 de Octubre 2017 en Managua. 20 October 2017