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Indiana Cardenal: Las múltiples voces de Indiana Cardenal


Por: Marianela Corriols

Presidenta ANIDE, poeta


Las múltiples voces de Indiana Cardenal
Las múltiples voces de Indiana Cardenal

Es un privilegio y una tarea pendiente encomendada por nuestra querida Vidaluz Meneses, editar y presentar este libro de poemas de Indiana Cardenal, quien se remonta desde su primera obra “Poros de cincuenta, corazón de quince” y agrega muchos de sus poemas inéditos, en los cuales se confirma su evolución literaria y la definición de una voz poética, original y profunda.

Si bien el poemario se titula “Poemas de la vida, el amor y la muerte”, las fronteras entre los tres segmentos del libro se difuminan por el hilo vital que conduce las múltiples voces de Indiana.

La textura y la métrica de su poesía sorprenden a la primera lectura. Y al releerlos, lo que al inicio parecían versos entrecortados, se convierten en metáforas completas al leerlos sin pausa. Sus versos cortos se juntan sin perder la musicalidad, fortaleciendo la unidad del mensaje; las variadas voces se entrecruzan llevándonos a veces a poemas teatrales, donde las escenas se suceden, con la entrada y salida de sus íntimos personajes.


Cuantas Indianas hay dentro de Indiana solo ella lo sabe, pero hablaré de algunas de las Indianas que se dejan ver en esta obra. Hay una Indiana que se persigue a sí misma, buscándose a toda costa. En “No sé quién soy” nos presenta a su alter ego Indira, a quien defiende decididamente, deshaciendo la delgada línea que las separa. En “Identidad” aparece su sombra, brindándonos una pista, de que la “verdadera” Indiana, si es que hay una sola verdadera, siempre está en un plano íntimo, absolutamente privado, donde pocas veces nos será permitido entrar. Esta identidad- sombra, permanece oculta, nocturna, gozándose de su máxima complicidad. Aquí establece la relación amorosa consigo misma, condición necesaria para fundamentar los otros amores, al Hombre, los Hijos, la Familia - abuela, madre, padre y hermanos y amigas-, incluso los objetos materiales, especialmente su casa.

En “Soy como soy” no nos deja dudas, se reconoce como la bipolar mujer abierta al juicio, aceptando su condición psicológica como requisito para el nacimiento de su voz poética. Y continúa, declarando su decisión de no ser más como fue, en independencia absoluta de su antiguo yo. En “Marioneta” evoca a la niña manejable que fue en su infancia, regocijada hoy en su adulto vuelo, y en “Airosa mujer” se declara victoriosa en su madurez, aunque consciente de los buitres que nunca dejarán de acosarla.
“Compulsión” es un tratado poético a la bipolaridad, que lejos de preocuparnos por sus implicaciones médicas, nos anima a entrar por una de las ventanas que abre para comprender a la Indiana que baila al son de su propia música.

En su poesía amorosa apreciamos distintas etapas y sujetos. En el amor al Otro evoluciona desde el canto de amor “Quédate conmigo”, un doméstico reclamo a las promesas incumplidas del matrimonio, ese paraíso no consumado y perdido, en el cual todavía sigue creyendo, hasta la ruptura total con la “Tiranía” del sexo, máximo símbolo de la dependencia hacia el hombre.

El amor a sus hijas e hijo es el sustrato de bellísimos poemas como “Susurros”, “Nido” “Elisa” y “Ximena”, canción de cuna para el hijo ausente y poemas a la niñez idílica. En esa misma dirección se expresan sus poemas a su madre, “Venus” y “Mamina”, donde la infancia es nido y eterno retorno. Con estructura similar, “Caracola”, es un poema increíblemente musical, que nos deja con muchas preguntas por su simbolismo.


La amistad también es un tema recurrente, en el cual expresa el reconocimiento a la solidaridad de la amiga, pero también el destierro del sentimiento.

Una de sus particularidades en el uso de la forma, es el poema teatral. En “Ojos de varón, corazón de mujer” encontramos múltiples imágenes sucediéndose: primero una postal nocturna, luego una pecera materna, flores, pájaros, insectos que preceden a la entidad dual masculina-femenina, que dialoga consigo misma. La voz poética en primera persona presenta al protagonista, uno de sus yoes más interesante, un yo masculino erótico reprimido quien anticipa su liberación sensual.

En “Lot y yo”, también se suceden las escenas. La primera voz reclama y enjuicia a Lot, a la vez que interpela a su mujer, para terminar fundiéndose con ella. Contradictoria, Indiana se convierte en la mujer de Lot, a quien después de señalar en todas sus debilidades, finalmente invoca con un dulce reclamo.

La Indiana social fue otra sorpresa. “Lo Social”, es una crítica incisiva a la hipocresía de su medio, mientras proclama la transparencia de sus palabras. Esta Indira también presta
su voz para el homenaje histórico a la muerte de su hermano revolucionario.

En “Carcinoma ductal in situ”, la Indiana –Fénix se remonta sublime desafiando las amenazas de la muerte y convierte el dolor y la enfermedad en un auténtico canto de vida y esperanza.

Concluyo enfatizando que Indiana no tiene dos polos, tiene múltiples polos que nos atraen para admirar a cada uno de sus yoes, a reconocer su originalidad y contribución a la poesía nicaragüense.

Texto introductorio en el poemario Poemas de la vida, el amor y la muerte presentado el 23 de Octubre 2017 en Managua. 20 October 2017